El término phýsis parece haber sido utilizado fundamentalmente por la filosofía griega, resultando poco usual en géneros como la épica -donde se observa apenas una aparición [1]- o la tragedia [2]. Si se revisa su enunciado en LSJ, se registra allí una variedad de apariciones en la obra de Sófocles, pero estas no parecen delinear un uso específico. Sin embargo, de la revisión de todos los contextos en los que está presente, resulta visible que en ocasiones Sófocles le da un sentido particular, ligado a la transmisión de valores de padres a hijos, no a través del aprendizaje por medio de la educación o en el curso del crecimiento, sino por el hecho mismo de la filiación, de la proveniencia de un determinado origen.
Veamos, en primer lugar, cómo se utiliza el término en Filoctetes, donde aparece únicamente en cuatro ocasiones:
- Odiseo es quien lo usa por primera vez, en el verso 79, cuando le explica a Neoptólemo el plan de acción que deben seguir -engañar a Filoctetes- para que puedan salirse con la suya: “Sé bien, hijo, que no está en tu naturaleza decir este tipo de cosas ni urdir maldades, pero esfuérzate, pues es placentero tomar posesión de la victoria.” (vv. 79-80).
- Mucho más adelante (v. 874) vuelve a aparecer, esta vez en boca de Filoctetes, refiriéndose al hecho de que Neoptólemo no escapó con sus armas cuando él se encontraba presa de un acceso de su enfermedad: “Pero noble es tu naturaleza y de nobles provienes, niño.”
- En el verso 902 lo usa Neoptólemo, en el momento en que comienza a expresar su arrepentiemiento por haber seguido el plan ordenado por Odiseo: “Absolutamente todo es repugnante cuando uno realiza, abandonando la propia naturaleza, actos inadecuados.”
- Finalmente, en el verso 1310, es Filoctetes quien se sirve de él, halagando a Neoptólemo por haberle devuelto sus armas, a pesar de la oposición de Odiseo: “Y mostraste la naturaleza, niño, desde la que creciste, no del padre Sísifo, sino de Aquiles, que escuchaba halagos excelentes cuando estaba entre los vivos y ahora que está entre los muertos.”
De la revisión de estos contextos surge que phýsis solo se utiliza en el Filoctetes de Sófocles para hacer referencia a la filiación de Neoptólemo, esto es, al hecho de que es hijo de Aquiles. Sin embargo, como sabemos a partir del mito, Neoptólemo no conoció a su padre en vida, por lo que no se trata aquí de la mención de unos ciertos valores en los que ha sido educado Neoptólemo en el marco de esa relación familiar, es decir a través de un proceso de crecimiento, sino del hecho objetivo de la filiación, la pura proveniencia de un determinado origen. En el Filoctetes Neoptólemo pasa por una suerte de proceso de iniciación a partir del cual termina reafirmando ciertos valores que son los que le corresponden (una manera de traducir en ocasiones el verbo phýo) de acuerdo con su padre. De hecho, en el último contexto mostrado, se contrapone a Aquiles con Sísifo, mencionado a veces por el mito como supuesto padre de Odiseo, famoso por su capacidad para engañar, lo que responde precisamente a la ‘naturaleza’ de Odiseo.
Vayamos ahora a la revisión del uso del término en Edipo en Colona, donde, de las siete veces en que aparece, dos se corresponden con el uso revisado en el Filoctetes. El primero de estos contextos, en el verso 212, una exclamación, apunta directamente en la dirección señalada:
EDIPO.- No, no me preguntes quién soy ni trates de averiguar más.
CORO.- ¿Qué significa esto?
EDIPO.- Un terrible origen.
CORO.- Habla.
EDIPO.- (A Antígona)
Hija, ¡ay de mí! ¿Qué voy a decir?
CORO.- ¿De quién
desciendes, extranjero, dime, por vía paterna?
EDIPO.- ¡Ay de mí! ¿Qué me
va a suceder, hija mía?
ANTÍGONA.- Habla, ya que
has llegado al extremo.
EDIPO.- En ese caso
hablaré, pues no puedo disimular.
CORO.- Os estáis demorando
mucho. ¡Ea, date prisa!
EDIPO.- ¿Conocéis a un hijo de Layo? (vv. 212-219) [3]
Como se observa, cuando el Coro pregunta a Edipo por su identidad, este lo menciona elípticamente mediante el término phýsis, ante lo que el Coro insiste: “¿De quién desciendes [..] por vía paterna?” A pesar de las dudas de Edipo, el interrogante es finalmente develado cuando confiesa que es hijo de Layo.
El segundo contexto a revisar es el verso 270. Se trata del momento en que Edipo pide ayuda a los atenienses: “Sin embargo, ¿cómo voy a ser un malvado por naturaleza (kakós phýsin), yo que devolví lo que había sufrido, de suerte que, aun si lo hubiera hecho conscientemente, ni en ese caso hubiera llegado a ser un malvado? (vv. 270-3)” Lo que Assela Alamillo traduce como ‘malvado por naturaleza’ Jebb lo da mediante la expresión ‘innatamente malvado’ [innately evil]. En efecto, en Edipo en Colona Edipo defiende su inocencia planteando que no realizó ninguno de los actos terribles que se le imputan con conocimiento, voluntariamente, sino que incluso estos estaban predichos por un oráculo antes de su nacimiento. Nuevamente entonces, en este caso, sucede que a un cierto modo de obrar se lo considera ‘natural’ para un individuo en el marco de la pura filiación. Como en el caso de Neoptólemo, aquí, cuando se hace referencia a la filiación, se remite en realidad al padre.
Si bien los contextos en que el término parece adoptar este sentido son escasos, particularmente con base en el hecho de que sus cuatro únicas apariciones en el Filoctetes señalan en la misma dirección, sumando a esto los pasajes citados del Edipo en Colona, podemos establecer que estamos ante un uso específico del término phýsis propio de la producción de vejez de Sófocles. Ahora bien, ¿tiene alguna implicancia este uso, más allá de la mera clasificación y estadística? Creemos que sí.
En el caso del Filoctetes, Neoptólemo es reiteradamente calificado como gennáios, ‘bien nacido’, o bien directamente llamado, una y otra vez, ‘hijo/descendiente/simiente de Aquiles’. La cuestión de su filiación se trae a colación con énfasis en el curso de la tragedia. De él se espera un comportamiento a la altura de su padre, cosa que finalmente logra, cuando precisamente sus acciones dejan de oponerse a su naturaleza. Esto tiene efectos en el desenlace: Neoptólemo es evidentemente libre de elegir uno u otro accionar, pero mientras no elije el que está de acuerdo con su naturaleza, la trama no se destraba. Apenas actúa como un digno hijo de Aquiles, se produce el deus ex machina que permite que el conflicto se solucione. El Edipo de Edipo en Colona, al contrario, afirma su falta de libertad: estaba predicho desde antes de que naciera que el hijo de Layo mataría a su padre y se casaría con su madre. Se declara inocente, ya que actuó sin saber, involuntariamente, pero está claro, particularmente por la estructura del Edipo Rey y de lo que sabemos del mito en general, que, hiciera lo que hiciera, Edipo no podía modificar su fortuna. La phýsis entendida como el hecho de la filiación con un determinado padre impone las condiciones en el marco de las cuales se dan las elecciones de estos personajes. Representando a lo dado por la vía paterna, es al mismo tiempo un télos, en el sentido de que se alcanza la madurez cuando se actúa de acuerdo con la propia phýsis. Es previa a cada uno de ellos, les viene como dada, y en el marco de ella se definen las consecuencias de sus acciones.
En este sentido, Neoptólemo y el Edipo de Edipo en Colona son dos caras de la misma moneda: el primero solo logrará éxito cuando tome las decisiones que están de acuerdo con su phýsis; la phýsis del segundo está maldita, por lo que, sin importar lo que haga, sus elecciones no le permitirán escapar a la maldición. Phýsis, en este sentido, equivale a un rostro determinado del destino: el que viene dado por el padre. En el caso de la maldición, estamos ante una determinación que anula las elecciones del personaje, pero cuando un elemento como este no está presente observamos que en el éxito la phýsis tiene el mismo peso que la maldición, en la medida en que el dios solo se hace presente y ofrece ayuda cuando se actúa de acuerdo con ella. Hay, en ambos casos, también, una reafirmación de un valor central para la cultura griega, como es la obediencia al padre. Mediante este uso del término phýsis la necesidad de seguir la senda trazada por el padre está llevada aquí al plano objetivo.
No se trata, a decir verdad, de algo diferente a aquellas ocasiones en que un dios insufla áte o éros en personajes como Áyax o Fedra: anacrónicamente decimos nosotros que la locura está llevada por la psicología griega de la épica o la tragedia al plano objetivo. Sin embargo, allí el movimiento se da desde el plano divino al humano, mientras que en los contextos que revisamos estamos ante el paso de generación en generación de ciertos caracteres o modos de ser que pueden, o no, ser aceptados por los personajes, lo que ocasionará ciertas consecuencias. Originariamente, de todos modos, estos caracteres vienen dados desde el plano divino: es curioso el caso de Neoptólemo, ya que Aquiles, su padre, es hijo de una divinidad, Tetis, para la que los dioses más poderosos decidieron que tuviera descendencia con un humano, ya que estaba predicho que su hijo sería más fuerte que su padre. Si se sigue la línea paterna, por otra parte, el origen primero es Zeus. Neoptólemo, pensado así, es casi una posible contracara de Edipo, en el sentido de que los dioses prevén lo que no previó Layo, quien en términos estrictos debió no haber tenido hijos, si quería evitar los efectos del oráculo que pesaba sobre él. Una vez maldito Lábdaco, la maldición se transmite por vía paterna a través de la phýsis, de aquello que pasa de generación en generación de padres a hijos y finaliza cuando Eteocles y Polinices mueren sin dejar descendencia.
Se presentan, además, otros matices en el comportamiento de estos personajes que pueden traerse a colación:
Las elecciones que se esperan de Neoptólemo son elecciones valoradas positivamente en el plano ético. Este actúa de acuerdo con su naturaleza una vez que decide no solo no engañar a Filoctetes, sino decirle toda la verdad, y además renunciar a su propia fama en la conquista de Troya para llevarlo de regreso a su casa. En cuanto a la defensa que hace Edipo de sí mismo, hay que notar que la misma defensa podría llevarse a cabo si hubiera actuado con conocimiento, voluntariamente, ya que de todos modos el oráculo determinaba su destino. Sin embargo, se sigue considerando valioso el hecho de que Edipo no haya elegido asesinar a su padre o tener descendencia con su madre: es culpable en relación con su phýsis, pero no en relación con su voluntad. Ambos personajes hacen sus propias elecciones libremente, más allá de las determinaciones que les impone su phýsis, y en esas elecciones no incurren finalmente en déficits éticos.
Aquello que se recorta más allá de la phýsis podría tener que ver, efectivamente, con la voluntad, concepto ciertamente difícil, particularmente en el campo griego. En estas dos tragedias, notablemente, se tematiza esta cuestión, es decir la de la contracara de aquello que viene como dado. En el caso del Filoctetes, precisamente, todo el problema radica en que existe un oráculo que indica que Filoctetes debe ir voluntariamente a Troya. No deja de ser notable que, en la situación en que se encuentra, el requisito de la voluntariedad del oráculo termine por otorgarle cierto poder a Filoctetes sobre toda la situación.
Como señala Knox [4], las tres maneras en que Odiseo y Neoptólemo pueden enfrentar a Filoctetes quedan planteadas por el texto como el engaño (dólos), la persuasión (peítho) y la fuerza (bía). Estas tres modalidades se hacen presentes de múltiples formas en el relato. Se nos dice, por ejemplo, que Odiseo fue a Troya por obligación (ex anágkes, v.73) o a causa de un engaño (klopé te kanágke, vv. 1025 y ss.), mientras que Filoctetes lo hizo voluntariamente (hékonta, v. 1027). También, una vez que Neoptólemo se ha arrepentido e intenta persuadir a Filoctetes de partir hacia Troya, el Coro insiste frente a este último en que, teniendo escapatoria, permanecerá en Lemnos por propia elección (tó kákion aineîn, vv. 1095 y ss.)
Filoctetes también parece ser conciente de que estas son las tres posibilidades presentes ante una situación como la planteada: luego del acceso de su enfermedad, antes de caer en el sueño y habiéndo entregado sus armas a Neoptólemo, le indica que no las entregue a nadie, “ni voluntaria (hékonta) ni involuntariamente (ákonta), ni a causa de alguna artimaña (téchne).” (v. 771). Entregar las armas voluntariamente indicaría que ha sido persuadido para ello; involuntariamente, que se las han arrebatado por la fuerza; finalmente, Neoptólemo podría ser engañado para entregarlas.
El Edipo en Colona presenta un despliegue similar. En línea con el Filoctetes, Antígona afirma que Edipo actuó involuntariamente en relación con el asesinato de su padre y el incesto (akónton, v. 240) y, algo más adelante, Edipo lo reitera hablando del asesinato de Layo: “¿Cómo me podrías reprochar justamente un hecho involuntario?(ákon, v. 976)”. Pero en esta tragedia el acento está puesto en lo que nosotros llamaríamos, quizá, ‘conciencia’. Así, dos versos antes del que acabamos de citar, dice Edipo: “me enzarcé en lucha con mi padre y le maté, sin ser conciente de nada de lo que hacía y contra quién lo hacía (v. 975)” Lo que Assela Alamillo traduce ‘ser conciente’, xynieís, es un verbo que oscila entre un valor metafórico de ‘percibir’, la idea de ‘tomar noticia’ de algo y la de ‘comprender’. Apenas unos versos después, Edipo afirma sobre Yocasta: “me dio a luz sin que yo supiera nada y ella tampoco (v. 983).” Se hace uso aquí dos veces del participio de oîda, que significa por antonomasia ‘saber’. Y respecto del incesto, dice: “yo la desposé sin que mediara mi voluntad (ákon, v. 986).” En la revisión de las apariciones de phýsis, citamos ya los versos 270-3, que sin embargo conviene volver a revisar, ahora bajo esta perspectiva: ¿cómo voy a ser un malvado por naturaleza(kakós phúsin), yo que devolví lo que había sufrido, de suerte que, aun si lo hubiera hecho conscientemente (hóst’ ei phronôn éprasson), ni en ese caso hubiera llegado a ser un malvado?” phronéo es un verbo de actividad mental, que puede significar ‘saber’, ‘comprender’ o ‘pensar’.
Mal que le pese, Edipo es, en efecto, malvado por naturaleza, ya que sus desgracias le vienen dadas por phýsis. El despliegue de vocabulario relacionado a la voluntad y al saber, en su caso, remite a que no cree ser imputable en tanto verdadero agente de sus actos. En el Filoctetes, está claro que Neoptólemo actúa voluntariamente cuando decide decir la verdad a Filoctetes sobre su engaño. En tanto subordinado de Odiseo, no es del todo voluntaria su aceptación de esta última modalidad: incluso intenta oponerse a este plan, pero es persuadido por Odiseo de que no hay otra vía de acción. ‘Por necesidad’ es posiblemente una buena manera de definir la actitud inicial de Neoptólemo frente a Filoctetes.
Desarrolados estos elementos de análisis, toma fuerza la idea de que el lugar que ocupa la phýsis en estas dos tragedias es el del destino. Ambas se cierran con la presencia fáctica de la divinidad: Filoctetes mediante un deus ex machina y Edipo en Colona mediante el ingreso de Edipo al mundo de los muertos. Antes de esto, sin embargo, la divinidad no se hace presente sino a través de la phýsis. Los espacios de la voluntad y la conciencia, todavía pequeños y latentes, surgen en el marco de lo que viene dado por decisión divina como herencia del padre. Esta herencia tiene la fuerza de los hechos: las elecciones de los personajes pueden ir, o no, en la dirección de aceptarla, pero en cualquier caso determina sus suertes.
Filoctetes pone en escena el momento en que un joven decide aceptar su propia phýsis y, por ello, abrirse las puertas de su gran destino (tomar Troya). Es característica de Edipo en los sucesos anteriores a Edipo en Colona la negación a aceptar su phýsis, como si efectivamente la voluntad humana pudiera más que ella. Pero aquí lo encontramos ya viejo y su destino, sea o no inocente, como clama, está cumplimentado. El modo en que se dirige a su muerte indica, posiblemente, la aceptación final de aquello que nunca había querido reconocer. Su tumba, lugar sagrado y fuente de beneficios para Atenas, es signo de esta aceptación final, y refuerzo por ello de la idea de un orden más allá de lo humano al cual es imposible no someterse.
Referencias bibliográficas:
Jebb, Sophocles, The Plays and Fragments, Cambridge, Cambridge University Press, 1932.
Knox, 1964, “Philoctetes”, The Heroic Temper, University of California Press, pp. 117-142.
Sófocles, Filoctetes, intr., trad. y notas de Andrés Racket, Losada, Buenos aires, 2011.
Alamillo, Asela, Introducción, traducción y notas de Tragedias: Sófocles, Gredos, Madrid, 2000.
Notas:
[1] En el canto 10 de Odisea, verso 303.
[2] Solo cinco veces en Esquilo, treinta y dos veces en Sófocles, treinta y dos veces en Eurípides.
[3] Citas en castellano de Edipo en Colona: Assela Alamillo (Trad.), Sófocles: Antígona, Edipo Rey, Electra, Edipo en Colona, Gredos, Madrid, 2010.
[4] Knox, 1964, “Philoctetes”, The Heroic Temper, University of California Press, pp. 117-142.