Introducción a la Antígona de Sófocles

Junto con Edipo Rey, Antígona es la obra más conocida de Sófocles. Fue escrita antes de Edipo Rey; no se presentaron juntas. Se trata de una tragedia de doble destino, según un concepto que propuso Reinhardt. Podemos decir que esta es la obra de doble destino por excelencia, dado que está estructurada en base a contraposiciones. Resalta, en particular, la contraposición entre los dos personajes centrales: Antígona y Creonte. Sin embargo, existen otras contraposiciones que también merecen ser revisadas y que tengo la intención de explorar.

En cuanto a las obras de Sófocles vinculadas con la saga de Edipo, es importante enfatizar que no forman una trilogía, ya que no fueron presentadas juntas ni concebidas como una trilogía. El orden cronológico de escritura fue Antígona, Edipo Rey y Edipo en Colona. Estas tres obras fueron presentadas en años diferentes, incluso con alguna distancia de tiempo importante entre sí. Esto refleja el modo en que Sófocles retomaba y recreaba el mito para expresar temas actuales.

El coro en Antígona es notable por su carácter abstracto y aparentemente desconectado de la trama principal. A veces, no siempre, puede parecer que los coros hablan de temas no relacionados con las líneas narrativas principales, pero a menudo tienen una función dramática o simbólica que requiere interpretación. Según el investigador Errandonea, los coros de Antígona contienen preanuncios de futuras desdichas, lo que añade una capa de significado dramático a la obra. Sin embargo, el análisis de Antígona depende mucho más de las acciones de los personajes individuales.

Hay una interpretación tradicional de Antígona, defendida por Hegel en su Estética, que tiende a bloquear otras posibilidades de lectura. Hegel argumentó que Antígona expresa una confrontación entre la religión y el Estado. Desde ese momento, esta opinión ha sido repetida prácticamente de forma unánime, lo que ha cerrado la puerta a otras lecturas. Si bien no es incorrecto afirmar que se expresa una oposición entre religión y Estado, es necesario contextualizar qué entendemos por cada uno de esos términos.

En el caso de Antígona, nos referimos a la religión de los muertos. La religión griega se dividía en varias áreas. Estaba la religión oficial, que incluía a los dioses del Panteón Olímpico, pero también existían ceremonias y elementos relacionados con lo que se denomina la religión de los muertos, la cual se ocupa de los ritos fúnebres. Esto forma parte de la religión oficial, aunque se percibe como un ámbito distinto.

Cuando menciono «religión oficial», me refiero a la religión relacionada con los dioses del Panteón Olímpico, como Zeus, Apolo y Atenea. En contraposición, la religión de los muertos se relaciona con Hades. No hay religión en la que el ser humano no reflexione sobre la muerte. Efectivamente, la religión confronta al hombre con su propia mortalidad. La religión, en cierto modo, es una respuesta del hombre a la angustia que genera la idea de la muerte. Además, suele prometer un más allá, lo que actúa como un regulador de conductas.

Todo esto se origina en un mito referente a tres hermanos: Hades, Zeus y Poseidón, quienes se repartieron el mundo. Zeus se quedó con el cielo, Poseidón con el mar y Hades con el inframundo, mientras que la tierra y el Olimpo quedaron comunes a los tres. Esto permite distinguir distintos ámbitos vinculados al cielo, al mar y al mundo de los muertos, cada uno con su propia mitología y sus ritos. En Antígona, la motivación principal radica en enterrar a un hermano, lo cual está intrínsecamente relacionado con la religión de los muertos. Este aspecto también es abordado por Leandro Pinkler en su introducción a Antígona en la editorial Biblos, al contextualizar que, si bien se puede considerar la oposición entre religión y Estado, se refiere a la religión griega vinculada a los muertos.

El problema central en la obra es que Polinices ha quedado sin ser enterrado. En las creencias de esta religión griega, el rito de enterramiento adecuado es fundamental para que el alma pueda transitar hacia el más allá. La decisión de Creonte de dejar sin sepultura a uno de los hermanos afecta directamente al alma de Polinices.

La narración plantea que Polinices y Eteocles, hijos de Edipo, lucharon por el poder. Eteocles ocupaba el trono, mientras que Polinices, al no estar de acuerdo con esta situación, reunió un ejército y se enfrentó a su hermano. Ellos se habían peleado debido a la maldición de Edipo, quien había profetizado que ambos morirían juntos como parte de la culpa de su padre, Layo, por haber asesinado al abuelo de Edipo.

Para evitar la maldición, acordaron turnarse en el trono: cada uno reinaría durante un año. Sin embargo, Eteocles se negó a ceder el trono al finalizar su turno, y Polinices reunió entonces un ejército de aliados y atacó la ciudad. Aunque eran de Tebas, contaban con apoyos externos. Hay una tragedia de Esquilo llamada Los siete contra Tebas que narra toda la batalla. En este enfrentamiento, ambos hermanos se mataron mutuamente como resultado de una lucha fratricida en una guerra por el control de Tebas.

Tras la muerte de ambos, Creonte se convierte en el nuevo gobernante, ya que había asumido el poder anteriormente, cuando Edipo se retiró. Creonte es el tío de los hermanos, hermano de Yocasta, la madre de Edipo. En un momento de la obra, se presenta un diálogo en el que Antígona se enfrenta a Creonte, cuestionando su legitimidad y la forma en que accede al poder. Según la sucesión del trono, llega como el primero disponible de la familia. Antígona e Ismena son excluidas debido a su condición de mujeres.

Creonte emite un edicto, que es una parte fundamental de la obra, en el que establece que a Eteocles se le dará sepultura y se le rendirán honores por haber defendido la ciudad, mientras que Polinices será dejado sin enterramiento, expuesto a los animales, debido a su papel como agresor. Esto despierta la ira de Antígona, quien argumenta que ambos deben recibir los mismos ritos funerarios. Poco después, Antígona es atrapada intentando enterrar a su hermano. Creonte, entonces, la condena a ser enterrada viva debido a su rebeldía ante el edicto.

En esta tragedia se configura una dinámica curiosa: mientras hay un cadáver sin sepultar, Antígona enfrenta su propia muerte enterrada viva. En medio de esto, aparece Tiresias, el sacerdote de Apolo, quien advierte a Creonte sobre su error; sin embargo, al principio este no le cree.

Antígona, al tomar la decisión de enfrentar a Creonte, también considera a Ismena, quien se había presentado ante el rey como cómplice. No obstante, esta última no fue condenada porque su declaración era falsa. Cuando Tiresias finalmente vuelve a advertir a Creonte, este se ve obligado a reconsiderar su postura, pero ya es demasiado tarde. Cuando Creonte finalmente cambia de opinión, manda a enterrar a Polinices y va a liberar a Antígona, solo para descubrir que ella ya se había suicidado. Creonte, más tarde, se encuentra con el dolor de haber perdido a su esposa además de su hijo: tras enterarse de la muerte de Antígona, Hemón también se quita la vida. Luego, cuando Eurídice, la esposa de Creonte, se entera de la muerte de su hijo, se suicida. De esta manera, Creonte pierde a todos sus seres queridos. Esta es la trama en términos generales.

Hay que observar que todos los personajes tienen motivos para sus elecciones: Creonte defiende la polis, Antígona anhela enterrar a su hermano, Ismena busca cumplir con su papel de mujer, y Hemón no desea perder a su prometida. Cada uno tiene su justificación, pero todos están atrapados en posturas que se contradicen entre sí. Es digno de mención que, en el género trágico, cada personaje, a pesar de estar en conflicto, actúa por motivos legítimos. Sin embargo, esta interrelación de razones pone de manifiesto la paradoja trágica: todos tienen razón y están equivocados al mismo tiempo.

Por otra parte, se evidencian conflictos que reflejan la tensión entre lo antiguo y lo nuevo. La rebelión de Antígona y Hemón frente a la figura autoritaria de Creonte, quien representa los valores tradicionales de obediencia y poder.

En el enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, cuando lo nuevo triunfa, genera problemas y destrucción. El mensaje sería que es preferible respetar los valores tradicionales. Esto es parte del planteamiento que se presenta, con diversos conflictos en juego.

Antígona representa, además de la tensión entre el deber familiar y la lealtad al Estado, un choque entre lo masculino y lo femenino. En griego, existe un fenómeno lingüístico conocido como el dual. ¿Qué es el dual? En castellano, tenemos singular y plural. Es decir, la categoría de número se manifiesta en singular y plural. En griego arcaico, además de singular y plural, existía el dual. Incluso en castellano hay restos de esto, como en las palabras «ambos», «sendos» o «par», que se refieren específicamente a dos elementos. El dual es un plural que indica específicamente dos. En Antígona, se observa el uso del dual con gran intensidad en los primeros cien versos. Es un aspecto interesante, porque en tiempos de Sófocles, el dual estaba en proceso de desaparición. Era una característica arcaica. En el texto de Antígona, sin embargo, el dual aparece con gran fuerza en los primeros 99 versos, usándose de manera peculiar y luego desapareciendo del texto.

La pregunta que se han planteado los intérpretes del texto es qué significa esta presencia del dual en el prólogo de Antígona. Se han elaborado diversas hipótesis sobre su uso. El dual aparece específicamente cuando Antígona habla de ella y de Ismena, o cuando se refiere a Polinices y Eteocles. Así, aparece una palabra en dual que se puede traducir como «nosotras» y hay otra palabra que se utiliza para referirse a Polinices y Eteocles: «nosotros». Antígona, al hablar con Ismena en el prólogo, sugiere que Eteocles y Polinices forman una unidad indivisible, así como Antígona e Ismena forman otro par indivisible, un par masculino y un par femenino.

La tragedia produce una serie de separaciones. Ismena se distancia de la posición de Antígona. Los pares se rompen y, como resultado, hay una ruptura de un principio antiguo que representaba el equilibrio masculino y femenino. Observamos la muerte de Polinices y Eteocles, que es simétrica, como si fueran un par inseparable. El edicto de Creonte es el que provoca esta separación. El edicto de Creonte establece que uno de los hermanos debe ser tratado de una manera y el otro de otra, creando una distinción entre ellos y también entre las dos hermanas. Este edicto es, de hecho, un edicto de discordia. El elemento de la ley en la polis actúa para separar el orden anterior. Consideren lo siguiente:

En un linaje antiguo, la única figura definida positivamente es el padre. La figura del padre es aquella que posee el poder. Los demás se definen en relación a él. Los hijos, varones y mujeres, deben obedecer al padre. Los hijos varones se definen como aquellos que deben obedecer al padre y defender el linaje. En caso de guerra, estos hijos son los que deben morir honorablemente. El rol de la esposa del padre es reproducir hijos, mientras que las hijas deben ser dadas en matrimonio para establecer alianzas. Este es el funcionamiento de un linaje antiguo, anterior a la polis. Es de suponer que este funcionamiento preexistía a la polis.

Con la consolidación de la polis, un proceso iniciado en época arcaica y que en Atenas desembocó en el siglo V a.C. en un sistema de gobierno democrático, se modifica este sistema antiguo. Entonces, “arcaico” describe aquí una época previa a la democracia ateniense. Es un período del que se sabe poco y del cual tenemos escasa documentación, principalmente a través de Homero. Los valores de obediencia al padre y el rol limitado de la mujer al ámbito privado se formaron en esta era arcaica. Se presume que con las transformaciones de la polis estos valores arcaicos, basados en la estructura de linajes, comienzan a resquebrajarse, o bien se siente la necesidad de adaptarlos a los nuevos tiempos.

La polis se basa en el intercambio familiar y la fundación de nuevas familias, tiene un funcionamiento diferente a los linajes antiguos. Aunque en una polis hay linajes importantes, la estructura de gobierno es diferente. La figura central en la polis no es el linaje, sino el ciudadano. La familia ya no funciona en términos de linaje. Por lo tanto, con las transformaciones de la polis, los valores del mundo arcaico comenzaron a desintegrarse debido al surgimiento de nuevas instituciones y, en el caso ateniense, de la democracia. Sófocles advierte sobre esta innovación, señalando que estamos ante un movimiento que desafía los valores tradicionales. Esto ocurre en el siglo V a.C., cuando la polis ya estaba consolidada, tras un largo proceso de formación iniciado en época arcaica.

Quisiera mencionar una interpretación interesante de Lacan, pues él propone un concepto valioso: el «entre dos muertes». Lacan argumenta que la Antígona de Sófocles transcurre en un espacio intermedio entre dos muertes. Esta primera muerte simbólica ocurre cuando Antígona decide enterrar a su hermano, una acción que está condenada a muerte. La tragedia, entonces, se mueve hacia la muerte efectiva de Antígona. Por lo tanto, existe un tránsito entre una muerte simbólica y una muerte fáctica, lo que Lacan define como un espacio límite, una zona gris entre la vida y la muerte.

Lacan también señala que, en este espacio metafórico, que está más allá de la ética y entre la vida y la muerte, todos los discursos pueden ser válidos y erróneos al mismo tiempo. Este espacio permite que todos los discursos sean a la vez correctos y falsos.

Sería interesante revisar, por otra parte, cuáles son los errores trágicos. Un error trágico, ocurre cuando los mortales desobedecen al orden divino y el destino les recuerda su falta con un cadáver. La palabra hamartía se refiere originalmente a errar el blanco, y en la Poética de Aristóteles, se convierte en el concepto de error trágico, que es una decisión o acción que desencadena toda la tragedia y no tiene retorno.

Por ejemplo, Creonte comete un error trágico al decidir enterrar a los hermanos de manera diferente. Este error desencadena una serie de eventos trágicos sin posibilidad de retorno. Antígona también comete un error trágico al decidir enterrar a su hermano, marcando el inicio de una serie de eventos que llevan a la tragedia. Los personajes que no cometen errores trágicos, como Ismena, se salvan.

Este concepto se relaciona con el «entre dos muertes», donde una vez cometido el error trágico, se entra en una zona sin retorno, una zona gris entre la vida y la muerte.

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